Archivo | julio, 2016
28 Jul

“El cáncer es fruto de una somatización de las emociones y se puede curar”


Francisco Moya es un médico radiólogo sexagenario, que lleva casi dos años dedicándose a curar enfermedades con una curiosa, innovadora y desconocida técnica que está reportando muy buenos resultados.

Para él, la enfermedad es una disfunción psíquica o corporal que tiene su génesis en la afectividad, y se expresaría externamente de múltiples modos. Por ejemplo, uno de los motivos por los que se desarrollan enfermedades sería la pérdida de seres queridos.

Siguiendo su argumentación, afirma que cuanto más emotiva sea una persona más posibilidades tiene de somatizar enfermedades. Concluye así también que las mujeres, al ser por lo general más emotivas, tienen más posibilidades de enfermar porque somatizan más a consecuencia de sus emociones.

Para llegar al fondo de la persona, y descubrir así qué emociones le son dañiñas, utiliza una técnica de relajación -no de hipnosis- con el fin de que la persona pueda observar su vida pasada.

Para desarrollar su peculiar técnica curativa abrió una pequeña consulta en Sevilla, ciudad en la que reside, en enero de 2013. Desde entonces no para de atender a pacientes, y de obtener unos resultados asombrosos. No se publicita en ningún sitio. Su secreto, como él mismo afirma, “el boca – oreja”.

¿Cómo y por qué comenzó a desarrollar esta técnica curativa?

Yo soy médico radiólogo desde hace treinta y ocho años. Siempre he tenido inquietudes que me han llevado a buscar las últimas tecnologías en radiología con el fin de llegar a lo más profundo de la enfermedad. Tengo un afán de profundizar y fundamentar lo que hago, buscando todo lo que se ha escrito y dicho sobre la labor que tengo entre manos, en este caso la radiología.

Encontré una máquina en China llamada HIFU, que es capaz de destruir cánceres de páncreas intratables por cirugía convencional. Una técnica muy poco conocida, que de saberlo hubiera sido capaz de curar a personas como Rocío jurado, Pavarotti o Bill Gates.

Con el descubrimiento de esta máquina, muchos occidentales me buscan para que les lleve a China y ser tratados con esta técnica. Es así como comienzo a entrar en contacto más con los pacientes, pues como radiólogo hasta entonces el trato había sido escaso.

Supongo que esos largos viajes en avión darían para hablar de todo con esas personas…

Sí. En el viaje me cuentan muchas cosas. Descubro entonces una relación clara entre sus problemas emocionales y la enfermedad. Decido investigar así todo lo escrito hasta el momento sobre esa posible relación, y viajo para conocer a algunas personas que han escrito del tema.

¿Y cómo pasa de la teoría a la práctica?

Corría el año 2008. A partir de ese momento comienzo a experimentar y descubro que las enfermedades siguen unos patrones que se repiten siempre, de modo que se puede determinar la emoción que hay detrás de cada enfermedad.

¿Se ve capaz de curar cualquier enfermedad?

Absolutamente, contando con la voluntad de curarse de la persona.

¿También las enfermedades graves?

Sí, aunque en este caso es más complejo. En mi proceso de experimentación observé que los pacientes con enfermedades graves no se curaban simplemente indentificando la emoción. Entonces di un paso más: investigar las emociones que había tenido el paciente desde el momento de su concepción. Digamos que la enfermedad grave es como la gota que ha colmado el vaso emotivo, es la consecuencia de un cúmulo de emociones a lo largo de toda una vida que, llegado el momento, se desborda.

¿Y por dónde siguió su investigación?

Las lecturas de Carl Jung y Sigmund Freud me animaron a continuar mi búsqueda llegando a la etapa inconsciente del ser humano, que es la comprendida entre la concepción y los nueve años. Freud había intentado llegar por la hipnosis, pero no curaba. Me planteé que lo que tenía que hacer con mis pacientes era hacerles revivir el pasado, y no sólo recordarlo. Jung me ayudó algo más en mi propósito: había inventado el método de la “imaginación activa”, que ha caído en desuso. Consiste en relajar a la persona, bajar a su inconsciente, sin perder la consciencia.

O sea, ¿una especie de hipnosis?

No, porque con este método la persona conserva totalmente la consciencia. Y así en el proceso está la persona entera: la conciencia, la inconsciencia y el cuerpo. Yo no actúo si el paciente no está despierto.

Una vez relajada la persona, busco el momento en que se ha sensibilizado a este tipo de emociones. O sea, siguiendo el símil del vaso que se desborda, en qué momento se ha creado ese vaso que, con el paso de los años, se colma.

¿Y cómo consigue detectar dónde está el problema en el insconsciente?

Cuando relajo a una persona, llevo una orientación en función de lo que me ha contado. Pero a veces su inconsciente me conduce a otro lado. El inconsciente toma las riendas. Es como si el inconsciente dijese: estoy más interesado que nadie en darme a conocer para que sepas hacia dónde ir. Y te da una información que siempre te sorprende. Yo realmente no hago nada. Es el mismo inconsciente de la persona, su parte emocional, la que me da la información adecuada para ese momento.

¿Cómo ha aprendido tanto del inconsciente?

Después de Jung, me ayudó mucho en mi investigación el español Joaquín Grau, recientemente fallecido. Grau es el que mejor ha descrito cómo es ese mundo del inconsciente, que tiene mucho que ver con el hombre primitivo, con el deficiente mental, con el niño… y él ha tenido la sensibilidad de describirlo perfectamente y enseñarlo durante 40 años. Yo utilizo ese conocimiento de Joaquín para dirigirme a la parte inconciente de la persona.

También me ha ayudado a comprender muchas cosas sobre la persona la filósofa Edith Stein

¿La santa alemana de origen judío?

Efectivamente. Cuando empecé con este trabajo, y al comprobar los espectaculares resultados, me entró miedo. Me dije: “¿Qué estoy haciendo?”. Después de 40 años de profesión, sé que lo que hago no es habitual en los médicos. Entonces me propuse fundamentar lo que estaba realizando, profundizar sobre la persona y su estructura.

Busqué entonces en los escritos de los filósofos. Quería encontrar dónde está la emoción, y no conseguí respuesta en los escritos de ningún hombre.

¿Freud tampoco habla del tema?

Freud no es filósofo y Jung le ataca precisamente en eso. La respuesta la encontré en los fenomenólogos discípulos de Husserl, y concretamente en una mujer: Edith Stein. Su primer libro, “Sobre el problema de la empatía”, es fundamental para entender cómo se desarrolla la enfermedad. Y el último, “La estructura de la persona humana”, para saber que el centro de la persona es la afectividad, la emoción, el corazón. Y por eso entiendo que si el centro de la persona es el corazón, todo está controlado por éste, no por la razón, como tácitamente entendemos en la civilización occidental. La razón tiene un 20% del conocimiento. El conocimiento total de la persona está en el inconsciente, en el corazón, en la afectividad. La razón complementa el corazón, y no está para obviar o despreciar al corazón.

¿Qué tipo de pacientes le llegan?

Suelen acudir a mí gente desesperada, que ha ido a todo tipo de médicos, que ha hecho todo tipo de pruebas, y continúa con el problema de salud.

¿Por qué otros médicos no han puesto en práctica este método?

Porque exige en primer lugar entrar en todas las especialidades médicas, incluyendo las especialidades psiquiátricas . Pero la psiquiatría convencional no entra en el inconsciente. O sea, esta técnica exige una profundización consciente del inconsciente.. Exige dedicarte a toda la persona: al cuerpo, al consciente y al inconsciente, al que no se dedica nadie.

¿Cuál es la enfermedad más grave que ha curado?

El cáncer, porque lleva unas connotaciones de enfermedad y de angustia muy fuertes. Una persona a la que le dicen que tiene un cáncer, muy probablemente esa noche desarrolle nódulos pulmonares de puro miedo a morir. Esa noche esa persona no duerme, y tiene una ansiedad enorme.

¿Cuántos cánceres ha curado en el último año y medio?

Unos 15.

¿Qué porcentaje de éxito tiene en los casos que ha tratado hasta ahora?

Cuando el paciente quiere curarse, el 100%. Pero hay un problema, que en la primera sesión aparecen cosas que hay que cambiar…

¿Por ejemplo?

Por ejemplo una relación que hay que regularizar con alguna persona (hacer las paces con una madre, con un esposo o esposa, o una mujer tiene que poner firme y plantarse ante un marido maltratador, o una hija que tiene que decirle a la madre que ella no quiere ser su confidente, o una persona que no se resigna a perder su patrimonio… O sea cuando aparece el problema, hay que cambiar cosas de la propia vida que cuestan…

O sea, que el problema, o el origen de la enfermedad, siempre lo detecta…

Sí, lo detecta la misma persona, porque ella es la que revive, y se da cuenta de dónde está el origen afectivo o psicológico de su mal físico. Siempre, cuando acaba la relajación, sale sabiendo dónde está el problema que origina su enfermedad.

¿Si la persona quiere salir de su enfermedad, se cura siempre?

Sí, pero exige ese cambio. Y el ser humano no es muy proclive a cambiar.

Descubierto lo que hay que remover, ¿cuánta gente lo acomete?

Un 50%, lamentablemente. Algunos, después de una o dos sesiones, cuando llega al punto que tiene que cambiar, da marcha atrás. El gran problema de la enfermedad, no es ésta, sino el mensaje de cambio que trae, al que algunas personas no están dispuestas. Es mucho más sencillo tomar una pastilla y olvidar el mensaje. Si esto lo soluciono sin cambiar nada, mejor.

¿Es más fácil curar enfermedades psíquicas?

Sí, son más fáciles.

¿Una pérdida de vista se puede curar?

Claro. Tengo casos en que su pérdida de vista coincide con el momento en que sus padres le cambiaron de colegio. Eso en una persona de seis años es muy traumático, y es fácil que se manifieste en una pérdida de vista.

¿Y la presbicia también se cura?

En este caso es diferente, porque es un deterioro del organismo. La enfermedad de la vejez no la curo… Tampoco soy capaz de quitar las arrugas de la cara o las canas…

¿El colesterol alto?

Claro.

Una mujer que sufre malos tratos, ¿está más expuesta a desarrollar enfermedades?

Por supuesto. La sociedad tiene que acabar con los malos tratos. Eso no se puede aguantar. Y son muchas mujeres las que se encuentran en esa situación porque los varones no sabemos tratar a las mujeres. Ellas sufren más de lo que parece. Lo que aparece en la prensa son los homicidios y cuando hay lesiones físicas. Pero las lesiones psíquicas no salen publicadas, y las mujeres son muy sensibles. Los hombres, muchas veces, no somos capaces de percibir esa sensibilidad de la mujer, que es diferente, no inferior.

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