Archivo | abril, 2014

LA SEMILLA DEL AGUACATE

28 Abr

LA SEMILLA DE EL AGUACATE: POR QUE COMERLA

 

LA-SEMILLA-DE-EL-AGUACATE

Descubre las propiedades de la semilla del aguacate, y lo importante que puede resultar incluirlas en tu dieta diaria.

El aguacate posee un sabor y textura que invita al placer, además de los aportes que ofrece a la salud su contenido, la semilla es una fuente poco valorada, pero que contiene una gran cantidad de beneficios para nuestra salud, a continuación puedes ver la lista con más de 10 beneficios de la semilla de aguacate a nuestra salud.

  • 1. – El 70% de los aminoácidos del aguacate están en la semilla, su aceite reduce los niveles de colesterol y ayuda a defender al cuerpo de enfermedades cardiovasculares y paros cardiacos.
  • 2. – Estudios han comprobado que las semillas de aguacate tienen más fibra soluble que cualquier otro alimento.
  • 3. – La semilla del aguacate es excelente para combatir la inflamación del tracto gastrointestinal así como la diarrea. En Sudamérica utilizan la semilla como un remedio para infecciones y problemas estomacales.
  • 4. – Contienen compuestos fenólicos que previenen ulceras intestinales e infecciones virales y bacterianas.
  • 5. – El flavonol que contienen las semillas previene el crecimiento de tumores.
  • 6. – Fortalecen el sistema inmunológico y ayudan a prevenir enfermedades debilitantes y sus antioxidantes retardan el proceso de envejecimiento.
  • 7. – Las propiedades antiinflamatorias de las semillas parecen ayudar a personas que sufren de artritis y otras enfermedades.
  • 8. – Efecto rejuvenecedor: estudios han comprobado que incrementan la cantidad del colágeno de la piel, dándole una apariencia tersa y libre de arrugas.
  • 9. – El aceite de las semillas le dará un brillo adicional a tu cabello y ayuda a prevenir la caspa.
  • 10. – Las semillas ayudan a bajar de peso ya que según algunos estudios reduce la glucosa en la sangre.
  • 11.- El rayar, tostar y beber las semillas en té ayuda a control el asma.
  • 12.- Según la medicina QiGong las semillas de aguate contienen niveles altos de energía Qi, que nos ayudan a sentirnos en sintonía con la energía de vida.
  • 13. – Las semillas se pueden consumir de muchas maneras: se pueden secar, rayar, tostar, rostizar y comer. Se pueden comer en ensaladas, beber en tés, smoothies y licuados o consumirse solas (si no les importa el sabor amargo).

El aguacate es el perfecto ejemplo de una fruta que nos gusta comer y sin embargo desechamos la parte más saludable: su semilla. ¿Para qué desperdiciar su semilla si podemos comerla? Sea por salud o vanidad consumir el 100% de un aguacate es lo más responsable que podemos hacer para mantener nuestros cuerpos y mentes alineados mientras aprovechamos al máximo todo lo que nos brinda la naturaleza.

Fuente: http://saludactiva.info/l

Anuncios
7 Abr

UN DESERTOR JUDIO ADVIERTE A AMERICA

Benjamin H. Freedman fue uno de los individuos más intrigantes e impresionantes del siglo XX. El Sr. Freedman, nacido en 1890, fue un hombre de negocios judío con mucho éxito de Nueva York, quien fue una vez el propietario principal de la compañía de sopa Woodbury. Rompió con el judaísmo organizado después de la victoria judeo-comunista de 1945, y pasó el resto de su vida gastando una parte considerable de su fortuna, al menos 2.5 millones de dólares, en exponer la tiranía judía que había envuelto a los Estados Unidos.

El Sr. Freedman sabía de lo que estaba hablando porque había estado en las posiciones más altas de las organizaciones judías y sus maquinaciones para ganar poder en la nación. El Sr. Freedman estaba relacionado personalmente con Bernard Baruch, Samuel Untermeyer, Woodrow Wilson, Franklin Roosevelt, Joseph
Kennedy, y John F.Kennedy, y otros muchos personajes de nuestro tiempo. Este discurso se dio ante una audiencia patriótica en 1961 en el Hotel Willard en Washington, D.C., con el apoyo del periódico patriótico de la época del Conde McGinely “Common Sense”(…)

Aquí en los Estados Unidos, los Sionistas y sus correligionarios han tomado el control de nuestro gobierno.
Por muchas razones, demasiadas y complejas para discutir ahora, los Sionistas y sus correligionarios gobiernan los Estados Unidos como si fueran los monarcas absolutos de este país.

Ahora debéis pensar que esa afirmación es muy amplia, pero dejad que os demuestre qué pasó mientras estábamos dormidos. ¿Qué pasó? La Primera Guerra Mundial empezó en el verano de 1914. Hay muy poca gente de mi edad aquí que lo recuerde. Esa guerra estaba compuesta por un lado por Gran Bretaña, Francia y Rusia; y en el otro por Alemania, el imperio Austro-Húngaro y Turquía. En dos años, Alemania había ganado la guerra: no sólo la ganó nominalmente, la ganó finalmente.

Los submarinos alemanes, que eran una sorpresa para el mundo, habían barrido a todos los enemigos del Océano Atlántico. Gran Bretaña seguía allí sin munición para sus soldados, con un suministro de comida para una semana – y después de eso, el hambre. En ese momento, la armada francesa organizó un motín. Habían perdido 600.000
jóvenes franceses en defensa de Verdún en el Somme.

La armada rusa estaba mermada, estaban recogiendo y marchándose a casa, no querían jugar más a la guerra, no les gustaba el Zar. Y la armada italiana estaba colapsada. No se había disparado ni una sola vez contra suelo
alemán. Ningún soldado enemigo había cruzado la frontera alemana. Y además, Alemania estaba ofreciéndole a Inglaterra la paz.

Ofrecieron a Inglaterra una paz negociada que los abogados llaman un “status quo ante basis”. Esto significa: “Digamos que la guerra ha terminado, y pongamos las cosas como estaban antes de que empezara.” Inglaterra, en
el verano de 1916 estaba considerándolo seriamente. No tenían elección. Era aceptar esta paz negociada que Alemania estaba ofreciendo magnánimamente, o seguir con la guerra y acabar vencidos totalmente.

Mientras esto ocurría, los Sionistas en Alemania, que representaban a los Sionistas de la Europa del Este, fueron al Gabinete de Guerra Británico y – voy a ser breve porque es una larga historia, pero tengo todos los documentos que prueban cualquier afirmación que haga – dijeron: “Miren. Aún pueden ganar esta guerra. No tienen que rendirse. No tienen que aceptar la paz negociada que les ofrece Alemania.
Pueden ganar esta guerra si los Estados Unidos se convierten en su aliado.” Estados Unidos no estaban en la guerra en ese momento. Estábamos frescos; éramos jóvenes; éramos ricos; éramos poderosos. Le dijeron a
Inglaterra: “Les garantizamos traer a Estados Unidos a la guerra como su aliado, para luchar a su lado, si nos prometen Palestina después de ganar la guerra.” En otras palabras, hicieron este trato: “Traeremos a los Estados Unidos a la guerra como su aliado. El precio que deben pagar es Palestina después de que hayan ganado la guerra y vencido a Alemania, el imperio Austro-Húngaro y Turquía.”

Inglaterra tenía tanto derecho de prometer Palestina a cualquiera como los Estados Unidos de prometer Japón a Irlanda por cualquier motivo. Es absolutamente absurdo que Gran Bretaña, que nunca tuvo conexión alguna, interés o derecho en Palestina, debiera prometerla como moneda de pago para que los Sionistas trajeran a Estados Unidos a la guerra. Sin embargo, hicieron esta promesa en octubre de 1916. Y poco después de esto – no sé cuántos
aquí lo recuerdan – Estados Unidos, que estaba totalmente a favor de Alemania, entraron en la guerra como aliados de Gran Bretaña.

Digo que estaban a favor de Alemania porque los periódicos aquí estaban controlados por judíos, los banqueros eran judíos, todos los medios de comunicación en este país estaban controlados por judíos; y los judíos estaban a favor de Alemania. Eran pro-alemanes porque muchos de ellos habían venido de Alemania, y querían ver como Alemania aplastaba al Zar. A los judíos no les gustaba el Zar y no querían que Rusia ganara esta guerra.

Estos banqueros judeo-alemanes, como Kuhn Loeb y otras compañías bancarias importantes en Estados Unidos, rechazaron financiar a Francia o Inglaterra. Se quedaron a un lado y dijeron: “Mientras Francia e Inglaterra estén unidas a Rusia, ¡ni un céntimo!”. Pero arrojaron dinero sobre Alemania, lucharon al lado de Alemania contra Rusia, tratando de destruir el régimen zarista. Esos mismos judíos, cuando vieron la posibilidad de conseguir Palestina, fueron a Inglaterra a realizar este acuerdo. En ese momento, todo cambió, como un semáforo que cambia de rojo a verde. Cuando los periódicos habían sido pro-alemanes, cuando habían hablado de las dificultades que Alemana tenía al luchar contra Inglaterra en muchos aspectos, de pronto los alemanes no eran buenos. Eran villanos. Eran hunos. Estaban disparando contra enfermeras de la Cruz Roja. Cortaban las manos de los bebés. No eran buenos. Poco después, el Sr. Wilson declaró la guerra a Alemania.

Los sionistas en Londres habían enviado cables a los Estados Unidos, a Justice Brandeis, diciendo “Id a ver al Presidente
Wilson. Estamos consiguiendo lo que queremos de Inglaterra. Id a ver al presidente Wilson y meted a los Estados Unidos en la guerra”. Así fue como los Estados Unidos entraron en la guerra. No teníamos más interés en ello; no teníamos más derecho de estar dentro, que estar en la luna esta noche en vez de en esta habitación.

No había ninguna razón para que la Primera Guerra Mundial fuera nuestra guerra. Nos metieron dentro – si puedo ser vulgar, nos chuparon – de esta guerra meramente para que los Sionistas del mundo obtuvieran Palestina. De eso nunca se ha hablado a la gente de Estados Unidos. Nunca supieron porque fuimos a la Primera Guerra Mundial. Después de entrar en la guerra, los Sionistas fueron a Gran Bretaña y dijeron: “Bien, nosotros hicimos nuestra parte del trato. Pongamos por escrito que van a mantener su deuda y nos van a dar Palestina después de ganar la guerra”. No sabían si la guerra iba a durar otro año o diez más. Por eso empezaron a pensar en un recibo. El recibo tomó la forma de una carta, en un lenguaje muy críptico para que el mundo al completo no supiera de qué iba.

 

 
Y esto es lo que se llama la Declaración Balfour. Esta declaración fue la mera promesa de Gran Bretaña de pagar a los Sionistas con lo que habían acordado al traer a los Estados Unidos a la guerra. Por eso esta maravillosa Declaración Balfour, de la que habéis oído hablar tanto, es tan falsa como un billete de tres dólares. No creo poder hacerlo más enfático que esto.

Aquí es donde empezó todo el problema. Estados Unidos entró en la guerra. Estados Unidos aplastó a Alemania. Sabéis lo que pasó. Cuando la guerra terminó y los alemanes fueron a París a la Conferencia de Paz en 1919, había 117 judíos, como la delegación representante de los judíos, encabezados por Bernard Baruch. Yo estaba allí: Debía saber. ¿Qué pasó? Los judíos en esa conferencia de paz, cuando estaban cortando Alemania y parcelando Europa para esas naciones que clamaban el derecho de una
cierta parte de territorio europeo, dijeron, “¿Qué pasa con darnos Palestina?” Y sacaron, para sorpresa de los alemanes, la Declaración Balfour. Por eso los alemanes, se dieron cuenta por primera vez, “¡Oh, así que ese era el juego!”.

“Por eso Estados Unidos entraron en la guerra. “Los alemanes por primera vez se dieron cuenta que estaban vencidos, sufrían las horribles reparaciones que les impusieron, porque los Sionistas querían Palestina y estaban dispuestos a conseguirla a cualquier precio. Eso nos lleva a otro punto muy interesante. Cuando los alemanes se dieron cuenta, naturalmente se resintieron. Hasta ese momento, los judíos no habían estado mejor considerados en ningún país del mundo que en Alemania. Allí estaba el Sr. Rathenau que tenía una industria 100 veces más importante que Bernard Baruch en este país.

El Sr. Balin, que era el dueño de dos grandes líneas de vapor, el norteño Lloyd y las líneas Hamburgo-Americanas. El Sr. Bleichroder, que era el banquero de la familia Hohenzollern. Estaban los Warburg en Hamburgo, que eran los grandes banqueros mercantes – el más grande en el mundo. Los judíos estaban muy bien en Alemania. No hay nada que decir sobre eso. Los alemanes sintieron lo siguiente: “Bien, nos han vendido.”(…)

Habían sido amables con ellos: desde 1905, cuando la primera revolución rusa fracasó, y los judíos empezaron a salir de Rusia, todos fueron a Alemania. Y Alemania les dio refugio. Y se les trató muy bien. Y ellos habían vendido a Alemania simplemente por el hecho de que quería Palestina por la así llamada “Mancomunidad Judía”.

Nahum Sokolowy todos los grandes líderes y grandes nombres que habéis leído que tienen conexión con el Sionismo hoy, en 1919, 1920, 1921, 1922 y 1923 escribieron en todos sus periódicos – y la prensa estaba llena de sus afirmaciones – que el sentimiento contra los judíos en Alemania se debe al hecho de que se dieron cuenta que su gran derrota fue causa de la intercesión de los judíos en meter a Estados Unidos en la guerra. Los mismos judíos lo admitieron.(…)

 

 
No había ningún sentimiento en contra de la gente por su creencia religiosa. Todo era político. Era económico. Era todo menos religioso.(…) Este sentimiento que se desarrolló más tarde en Alemania era debido a una cosa: los alemanes culparon a los judíos por su aplastante derrota.

Y la Primera Guerra Mundial había empezado por ninguna razón de la que Alemania era responsable. No eran culpables de nada. Sólo de tener éxito.
Construyeron una gran marina. Crearon el comercio mundial. Debéis recordar que Alemania en la época de la Revolución Francesa consistía en 300 pequeñas ciudades-estado, principados, ducados, etc. Trescientas
entidades políticas separadas.

Y en ese tiempo, entre el tiempo de Napoleón y Bismarck, se consolidaron en un estado. Y en los siguientes 50 años se convirtieron en una de las potencias mundiales. Su marina rivalizaba con Gran Bretaña, tenían negocios en todo el mundo, podían superar en ventas a cualquiera, podían hacer mejores productos. ¿Qué pasó como resultado de esto?

Había una conspiración entre Inglaterra, Francia y Rusia para hundir a Alemania. No hay ningún historiador en el mundo que pueda encontrar una razón válida para que estos tres países decidieran barrer a Alemania del mapa político. Cuando los alemanes se dieron cuenta que los judíos fueron responsables de su derrota, naturalmente se resintieron. Pero a pesar de todo no se tocó ni un pelo de un judío. Ni uno.

El profesor Tansill, de la Universidad de Georgetown, que tenía acceso a todos los documentos secretos del Departamento de Estado, escribió en su libro, y citó de un documento del Departamento de Estado escrito por Hugo Schoenfelt, un judío de Cordell Hull enviado a Europa en 1933 para investigar los llamados campos políticos de prisioneros, que escribió que los encontró en muy buenas condiciones. Estaban en una forma excelente, donde se
trataba bien a todo el mundo. Y estaban llenos de comunistas. Bien, muchos de ellos eran judíos, porque los judíos comprendían el 98% de los comunistas de Europa en ese momento. Y había algunos sacerdotes, y ministros, y líderes sindicales, y masones y otros que estaban en organizaciones internacionales.

Algo de trasfondo: En 1918-1919 los comunistas tomaron Baviera por unos días. Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht y un grupo de otros judíos tomaron el gobierno por tres días. De hecho, cuando el Káiser acabó la guerra escapó a Holanda porque pensó que los comunistas iban a tomar Alemania como hicieron con Rusia y que iba a tener el mismo destino que el Zar.

 

 
Por eso escapó a Holanda, por seguridad. Después que la amenaza comunista fue aplastada en Alemania, los judíos seguían trabajando, intentando volver a su posición inicial, y los alemanes lucharon con ellos en todas las formas
posibles sin dañarles un solo pelo de su cabeza.(…)No lucharon con pistolas.

Esa era la manera con la que luchaban con los judíos en Alemania. Y en ese momento, había de 80 a 90 millones de alemanes, y sólo había 460.000 judíos. Alrededor de menos del 1% de la población de Alemania eran judíos. Y controlaban la prensa, y controlaban la mayor parte de la economía porque habían invertido cuando el marco estaba devaluado y lo habían comprado prácticamente todo.

Los judíos trataron de ocultar este hecho. No querían que el mundo entendiera realmente que habían vendido Alemania, y que los alemanes estaban resentidos por eso. Los alemanes tomaron medidas apropiadas contra los judíos. Ellos los discriminaron siempre que pudieron. Los rehuyeron.(…)

Al poco tiempo, los judíos del mundo pidieron una reunión en Amsterdam. Los judíos de cada país fueron a esta reunión en julio de 1933. Y le dijeron a Alemania: “Despedís a Hitler, y ponéis a cada judío en su antiguo puesto tanto si era comunista o cualquier otra cosa. No podéis tratarnos así. Y nosotros, los judíos del mundo, os estamos dando un ultimátum”. Podéis imaginar lo que contestaron los judíos. ¿Qué hicieron los judíos?.

En 1933, cuando Alemania rechazó rendirse en la conferencia mundial de los judíos en Amsterdam, ésta terminó, y el Sr. Samuel Untermyer, que era el cabeza de la delegación americana y el presidente de la conferencia, fue a los Estados Unidos hacia los estudios de Columbia Broadcasting System y emitió por radio lo siguiente, “Los judíos del mundo declaran una Guerra Santa contra Alemania.

Estamos involucrados en un conflicto sagrado contra los alemanes. Y vamos a hacer que se rindan. Vamos a hacerles un boicot internacional. Eso los destruirá porque dependen de su negocio de exportación”.

Y es un hecho que dos tercios de los suministros de comida alemanes tenían que importarse, y solo se podía importar en relación a lo exportado. Por eso si Alemania no podía exportar, dos tercios de la población Alemana se moriría de hambre. Había suficiente
comida para poco más de un tercio de la población. En esta declaración, que tengo aquí, y que fue impresa en el New York Times el 7 de agosto de 1933, el Sr. Samuel Untermyer afirmó que “este boicot económico es nuestro método de defensa.

El presidente Roosevelt ha abogado por su uso en la Administración Nacional de Recuperación”, que algunos de
vosotros recordareis, cuando todo el mundo era boicoteado a no ser que siguiera las reglas del New Deal, y que fue declarado inconstitucional por la Corte Suprema en ese momento. Sin embargo, los judíos del mundo declararon un boicot contra Alemania, y era tan efectivo que no se podía encontrar en el mundo algún producto con las palabras “hecho en Alemania”.(…)

 

Naturalmente los alemanes dijeron “¿Quiénes son ellos para declararnos un boicot y despedir a nuestra gente, y parar nuestras industrias? ¿Quienes son para hacernos esto?”. Naturalmente se resintieron: pintaron esvásticas en tiendas judías. ¿Por qué un alemán iba a darle dinero a un comerciante que era parte de un boicot que iba a dejar morir de hambre a Alemania por causa de todos los judíos del mundo, que iban a dictar quien iba a ser el primer canciller?.

Era ridículo. El boicot continuó durante algún tiempo, pero no fue hasta 1938 cuando un joven judío de Polonia fue a la embajada alemana en París y disparó a un oficial alemán, cuando los alemanes realmente empezaron a ponerse duros con los judíos en Alemania.

Entonces empezaron a romper ventanas y a tener peleas callejeras. No me gusta usar la palabra “Anti-Semitismo” porque no tiene significado, pero aún significa algo para vosotros, por eso tendré que usarla. La única razón que había en Alemania contra los judíos era que eran responsables de la Primera Guerra Mundial y su boicot mundial. También eran responsables por la Segunda Guerra Mundial, ya que después de que esto se escapara de las manos, era absolutamente necesario para los judíos y Alemania, saber quien iba a sobrevivir en esta guerra.

Mientras tanto, yo había vivido en Alemania, y sabía que los alemanes habían decidido que Europa iba a ser cristiana o comunista: no hay ningún punto medio. Y los alemanes decidieron que iban a mantenerla cristiana si era posible. Y empezaron a rearmarse. En noviembre de 1933 los Estados Unidos reconocieron a la Unión Soviética. La Unión Soviética se estaba volviendo muy poderosa, y Alemania se dio cuenta de que “nuestro cambio se producirá rápido, si no nos fortalecemos”.

Lo mismo que decimos nosotros en este país, “nuestro cambio se producirá rápido, si no nos fortalecemos”. Nuestro gobierno está gastando 83 o 84 billones de dólares en defensa. ¿Defensa contra quién? Defensa contra 400.000
pequeños judíos en Moscú que tomaron Rusia, y entonces, de diversas maneras, tomaron control de otros muchos países en el mundo.

El que este país esté en el vértice de la Tercera Guerra Mundial, de la que no podemos emerger victoriosos, es algo que asombra a mi imaginación.(…)¿A qué nos enfrentamos? Si nos metemos en una guerra mundial que puede convertirse en guerra nuclear, la humanidad se acaba. ¿Por qué tendría lugar una guerra como esa? Tendrá lugar cuando se levante la cortina del tercer acto: El acto primero era la Primera Guerra Mundial, el acto 2º era la Segunda Guerra Mundial, y el acto tercero será la Tercera Guerra Mundial.

 
Los judíos del mundo, los Sionistas y sus correligionarios en cualquier parte, están determinados en usar de nuevo a Estados Unidos para que los ayuden permanentemente en retener Palestina como la base de su nuevo gobierno mundial. Eso es tan cierto como que estoy de pie aquí. No sólo lo he leído, muchos aquí también lo han hecho, y es sabido en todo el mundo.

¿Qué vamos a hacer? La vida que salvéis puede ser la de vuestros hijos. Vuestros chicos pueden encaminarse a la guerra esta noche; y no sabéis nada al igual que en 1916 en Londres los Sionistas hicieron un trato con el Gabinete de Guerra Británico para enviar a vuestros hijos a la guerra en Europa. ¿Lo sabíais en ese momento? Nadie en Estados Unidos lo sabía. No se os permitió saberlo. ¿Quien lo sabía? El presidente Wilson lo sabía. El Coronel House lo sabía.

Otros en el interior lo sabían. ¿Yo lo sabía? Tenía idea de lo que estaba pasando: Yo fui el enlace para Henry Morgenthau, Sr.,en la campaña de 1912 cuando se eligió al presidente Wilson, y cuando se hablaba en la oficina. Yo era el “hombre confidencial” de Henry Morgenthau, Sr.,que era presidente del comité de finanzas, y yo era el enlace entre él y Rollo Wells, el tesorero. Por eso me sentaba en esas reuniones con el presidente Wilson a la cabeza de la mesa, y todos los demás, y oí como le zumbaban en la cabeza sobre la tasa de ingreso y lo que se ha convertido en la Reserva Federal, y los oí adoctrinarle con el movimiento Sionista.

Justice Brandeis y el presidente Wilson estaban tan cerca como dos dedos de una mano. El presidente Woodrow Wilson era sólo un incompetente cuando se trataba de determinar qué es lo que pasaba. Así es como nos metieron en la Primera Guerra Mundial, mientras todos dormíamos. Mandaron a nuestros chicos al matadero. ¿Para qué? Para que los judíos tuvieran Palestina como su “mancomunidad”. Os han idiotizado tanto que no sabéis si vais o venís.(…)¿Cuáles son los hechos sobre los judíos? Los judíos de la Europa del Este, que forman el 92% de la población mundial de los que se llaman asimismo judíos, eran originalmente Khazars. Eran
una tribu guerrera que vivían en el corazón de Asia.

Y eran tan guerreros que incluso los asiáticos los echaron de Asia hacia el este de Europa. Establecieron un gran reino Khazar de 800,000 millas cuadradas. En ese momento, Rusia no existía, ni muchos otros países europeos. El reino Khazar era el más grande de Europa – tan grande y tan poderoso que cuando otros monarcas quisieron ir a la guerra, los Khazares les prestarían 40,000 soldados. Así eran de grandes y poderosos.

Eran adoradores del falo, que es mugriento y no quiero entrar ahora en detalles. Pero esa era su religión, como también lo era de otros paganos y bárbaros en otras partes del mundo. El rey Khazar se disgustó tanto con la degeneración de su reino que decidió adoptar una fe monoteísta – ya fuera Cristianismo, Islam o lo que se conoce ahora como Judaísmo, que es realmente Talmudismo. Girando una rueda y diciendo “eeny, meeny, miney, moe”, escogieron el Judaísmo. Y se convirtió en la religión del estado.

 
Fueron a las escuelas talmúdicas de Pumbedita y Sura y trajeron miles de rabinos, y abrieron sinagogas y escuelas, y su gente se convirtió en lo que llamamos judíos. No había ninguno de ellos que tuviera un antepasado que hubiera
puesto un pie en Tierra Santa. No sólo en la historia del Antiguo Testamento, sino al principio de todo. ¡Ninguno de ellos! Y así vienen a los cristianos y nos piden apoyo en sus insurrecciones armadas en Palestina diciendo, “Queréis ayudar a repatriar al pueblo elegido por Dios a su tierra prometida, su patria ancestral, ¿verdad?.

 

 
Es vuestro deber cristiano. Os dimos a uno de nuestros chicos como vuestro Señor y Salvador. Ahora vais a la iglesia los domingos, y os arrodilláis y adoráis a un judío, y nosotros somos judíos”. Pero son paganos Khazars
que se convirtieron igual que se convirtió a los irlandeses. Es tan ridículo llamarlos “la gente de la Tierra Prometida”, como sería llamar a los 54 millones de musulmanes chinos “árabes”. Mahoma murió en el 620
después de Cristo. Y desde entonces 54 millones de chinos han aceptado el Islam como su creencia religiosa.

Imaginad, en China, a 2000 millas de Arabia, de la Meca, el lugar de nacimiento de Mahoma. Imaginad que estos 54 millones de chinos deciden llamarse “árabes”. Diríais que son unos lunáticos. Alguien que crea que estos 54 millones de chinos son árabes debe estar loco.

(…)Esos Khazars, esos paganos, esos asiáticos, esos turco-finlandeses, eran una raza mongoloide que fueron echados de Asia a Europa del Este. Ya que su rey adoptó la fe talmúdica, no tuvieron elección. (,,,)Por eso los Khazares se convirtieron en lo que hoy llamamos judíos.

Esa es una de las grandes mentiras de la historia. Es el fundamento de toda la miseria que ha caído en el mundo.

¿Sabéis lo que hacen los judíos en el Día de la Expiación, que creéis que es tan sagrado para ellos? Yo era uno de  ellos. Esto no son rumores. No estoy aquí para ser un agitador de masas. Estoy aquí para daros hechos. Cuando, en el Día de la Expiación, entras en una sinagoga, te quedas de pie desde la primera oración que recitas. Es por la única oración por la que te levantas. Repites tres veces una oración corta llamada Kol Nidre.

 
En esta oración, entras en un acuerdo con Dios Todopoderoso que cualquier juramento, reverencia o ruego que hagas durante los siguientes doce meses debe anularse. El juramento no debe ser un juramento; la reverencia no debe ser una reverencia; el ruego no debe ser un ruego. No deben tener poder o efecto. Y además, el Talmud enseña que siempre que hagáis un juramento, reverencia o ruego, debéis recordar el Kol Nidre que recitasteis en el
Día de la Expiación, y estas exento de cumplirlos.

¿Cuanto podéis depender de su lealtad? Podéis depender de su lealtad tanto como los alemanes dependieron en 1916. Vamos a sufrir el mismo destino que sufrió Alemania, y por la misma razón.

Fuente: http://mamanga.blogspot.com.es/2007/12/un-desertor-judio-advierte-america.html

 

 

 

6 Abr

Gato por liebre

La muerte de Suárez ha dado pábulo a infundios sobre el Rey y el 23-F

    El presidente Adolfo Suárez y el vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado se enfrentan a los guardias civiles en el Congreso la tarde del 23-F. / EFE

    “El Rey tuvo un papel decisivo en el desmantelamiento del 23-F. Estoy preocupado por la permisividad con que se está desarrollando la táctica de las defensas [de los golpistas] que consiste en dar la impresión de que el responsable de todo es el Rey, y subsidiariamente se trata de implicar también a los partidos políticos. Si no se acaba esta permisividad los procesados pueden conseguir que sectores del país duden del papel del Rey que, a mi juicio, está muy claro”.

    Santiago Carrillo en EL PAÍS (19 de marzo de 1982)

    El domingo pasado, por ejemplo, el mismo periódico que durante años ha tratado de convencer a sus lectores de que Aznar tenía razón y fue ETA, no Al Qaeda, la responsable de los actos terroristas de Atocha, anunciaba a toda página que en el caso del 23-F(el Ejército español contra la democracia) en realidad el golpe de Estado no fue abortado por el Rey, sino más bien inducido. Se sugería, eso sí, que al írseles la mano a sus chapuceros ejecutores, el Monarca habría rectificado sobre la marcha. En consecuencia, el actual conductor de Izquierda Unida, que sin duda no ha leído a su predecesor Santiago Carrillo, se rasgó las vestiduras ante las cámaras de televisión,especialmente las que son propiedad del editor del libro en que se propagan dichas conjeturas. Una obra, por cierto, tan voluminosa en páginas como endeble en revelaciones, pues la mayoría de lo que en ella se dice ha sido publicado repetidas veces a lo largo de los años, como por otra parte ponen de relieve las numerosas notas a pie de página que incluye. El señor Cayo Lara dijo dar por buena la interpretación del diario si no había una rectificación inmediata de la Zarzuela (“el que calla otorga”, aseveró), llegando a insinuar que el del 23-F pudo ser un autogolpe. Por si fuera poco, la misma televisión que organizaba acalorados debates sobre idéntico tema había programado semanas antes un falso reportaje, una auténtica invención dolosa, que venía a defender tesis más o menos parecidas: el golpe habría sido algo simulado para tratar de reconducir a partir de él la caótica situación del país. En mi opinión la permisividad, que diría Carrillo, ante tantas vulneraciones de los más elementales principios profesionales y deontológicos del periodismo puede derivar, de hecho lo ha conseguido en parte, en que algunos sectores duden del papel del Rey en el golpe de Estado. Ahora precisamente que su imagen parecía comenzar a recuperarse.

    Muchos de quienes apuñalaron en vida a Suárez lloran ahora con lágrimas de plañideras

    No me gustan las teorías de la conspiración y prefiero suponer que todo esto emana de la necedad de las gentes, de su falta de criterio o sus deseos de notoriedad, lo que no evita el daño que produce en un momento de graves dificultades para la convivencia de los españoles. Durante años se ha hecho correr la especie de que no sabemos toda la verdad de lo sucedido aquel mes de febrero de 1981. Es una aseveración acertada si se refiere a que nunca se han narrado con claridad suficiente las implicaciones civiles del golpe. Pero que no sepamos toda la verdad no significa que no sea verdad todo lo que sabemos. Quienes vivimos el 23-F y, por unos motivos u otros, estuvimos en contacto aquella noche con el palacio de La Zarzuela y con los responsables políticos y policiales que no se encontraban secuestrados en el Congreso, fuimos testigos de dos hechos a mi juicio irrefutables: el primero, que el golpe triunfó en una primera instancia, avalado por un considerable número de generales con mando en plaza; el segundo, que la actitud del Rey fue decisiva, definitoria, para que los rebeldes depusieran las armas y fueran posteriormente juzgados y condenados.

    Durante años se ha hecho correr la especie de que no sabemos toda la verdad sobre el 23-F

    En la primavera de 1980 asistí con varios intelectuales y políticos a un congreso sobre la Transición en la universidad de Vanderbilt, Nashville. Estaban allí, entre otros, Manuel Fraga, Pilar Miró y Juan Goytisolo, ante los que protagonicé una discusión con el historiador Raymond Carr cuando avisé del peligro de un golpe militar en España. No lo hice porque tuviera información privilegiada de ningún tipo: aquella era la comidilla en los círculos políticos y periodísticos de Madrid. El caldo de cultivo en el que crecía semejante amenaza era una situación más que azarosa del Gobierno presidido por Suárez, víctima este de sus propios compañeros de partido que querían su dimisión a toda costa, acosado por la jerarquía católica que se oponía frontalmente a la ley del divorcio, y vilipendiado por los militares que pedían más mano dura contra el terrorismo y menos cesiones a las autonomías. Los socialistas presentaron una moción de censura a principios del verano que, aunque perdieran por la mayoría aritmética de los votos, erosionó enormemente el prestigio del presidente. La situación económica era alarmante, crecían las cifras del paro, y la oligarquía financiera consideraba que Suárez no era la persona adecuada para gobernar.

    La actitud del Rey fue decisiva, definitoria, para que los rebeldes depusieran las armas

    El Rey se dirige a la nación con un discurso en televisión en la noche del 23-F. / TVE

    O sea que la dimisión de Suárez quizás cogió a muchos de improviso por el momento en que se llevó a cabo, pero no sorprendió a casi nadie. La querían los miembros de su partido, incluidos algunos de sus ministros, los militares, los obispos, la oposición y hasta el Rey. Pero como el propio Suárez se encargó de explicar durante años y tuvimos ocasión de oírle decenas de veces, nadie le destituyó (nadie, salvo el Parlamento, podía hacerlo), se marchó por propia decisión una vez que comprendió que era lo mejor que podía hacer por sí mismo y por España. Aunque sus colaboradores le habían informado sobre la Operación Armada y conocía las presiones de los militares a los que se había enfrentado personalmente, nunca supuso que se estuviera fraguando un golpe de aquellas características. “Si no, no me hubiera ido”, confesaría años más tarde a numerosas personas, entre las que me encuentro. Y estoy seguro de ello, porque no era ningún cobarde. También comentó repetidas veces que tras el golpe le dijo al Rey que estaba dispuesto a retirar su dimisión, lo que pone de relieve su integridad moral y su espíritu de servicio, amén de la absoluta incapacidad que tenía para interpretar la verdadera situación del país y el poco aprecio de su figura por la opinión pública. Al fin y al cabo, había sido incapaz de prever, descubrir y abortar el golpe, del que la Operación Galaxia había sido un prólogo meses antes.

    Suárez se marchó por propia decisión, aunque le habían informado de la Operación Armada

    Nada de esto, que ahora se comenta con exclamaciones de asombro y atribución de exclusivas periodísticas de primer orden, es nuevo. Se ha publicado cientos de veces, está en las memorias de muchos de los protagonistas de aquellos hechos, y el libro de Pilar Urbano, una meritoria colección de anécdotas que lleva a su autora a defender tesis tan fantasiosas y creíbles como las revelaciones de los sabios de Sión, hubiera sido solo uno más de los muchos que se han difundido sobre la materia si los medios a los que me he referido no buscaran la tirada y la audiencia a cualquier precio; aunque sea el de fomentar aún más la desconfianza ante nuestro actual sistema democrático, ya muy castigado por sus propios y considerables defectos sin necesidad de que se le inventen otros. Es probable por otra parte que la acumulación de datos que el libro ofrece haya llegado a marear a su propia recopiladora, como sin duda sucederá a muchos de los lectores. En ningún lado está escrito que más cantidad de información equivalga necesariamente a mejor información, e Internet es por cierto un buen ejemplo de ello. O sea que las falsedades que de ese empacho de datos y confidencias se derivan pueden deberse no tanto a una manipulación como a una notoria incapacidad de análisis. En cualquier caso siguen siendo falsedades.

    El libro de Pilar Urbano  defiende tesis tan creíbles como las revelaciones de los sabios de Sión

    Por lo demás hay tantas pruebas y testimonios de la decisión del Rey de instaurar la democracia en España que sonroja ahora tener que llamar la atención al respecto. Pocos días antes de la renuncia de Suárez, don Juan Carlos dio una entrevista a la BBC en la que declaró textualmente: “Cuando me convertí en Rey la gente en general y el pueblo español querían caminar hacia la democracia, y mi punto de vista coincidía con ellos. Lo único que hice fueron, digamos, los primeros movimientos. Todo el resto fue hecho por el Gobierno”. Para terminar contestando a una pregunta del periodista sobre si el palacio de La Zarzuela es un lugar de poder: “Ciertamente lo fue. Ahora es difícil decirlo”. Por su parte, el Corriere della Sera, el día después del golpe publicaba una crónica de Jorge Semprún en la que se incluía una entrevista hecha con el Rey poco antes de la asonada. “En la conversación —señala Semprún— le encuentro preocupado por el deterioro de la situación política, pero decidido a afrontarla en el marco de la Constitución democrática”. Sobre las Fuerzas Armadas el monarca declara que “deben garantizar el libre juego de las instituciones democráticas”, para añadir luego: “Es fácil hacer salir a los soldados de los cuarteles, pero es mucho más difícil hacerles volver a ellos”. “Mientras todos esperaban la noche pasada la decisión de don Juan Carlos —concluye Semprún—, nunca dudé sobre cual sería la actitud que adoptaría el Rey… estaba claro que las Fuerzas Armadas no podían contar con él para desmantelar las instituciones parlamentarias”.

    Tan claro estaba que cuando, la noche de autos, la Junta de Jefes de Estado Mayor le presentó un escrito declarando que sus integrantes se harían cargo formalmente del mando mientras Gobierno y diputados siguieran bajo secuestro, para evitar vacíos de poder, el Rey se negó a ello y decidió crear, de forma atípica, el Gobierno de subsecretarios que garantizaba la supremacía del poder civil.

    Hay muchas pruebas y testimonios de la decisión del Rey de instaurar la democracia

    Quienes vivimos y supimos esto hace ya más de treinta años no podemos dejar de asombrarnos ante el ruido y la furia que algunos quieren desatar ahora, al hilo del homenaje a Adolfo Suárez. No merece su memoria tanta fabulación interesada. No la merecen tampoco los españoles de hoy. Todas las instituciones de este país, a comenzar por la propia Corona, los partidos políticos, los sindicatos, los medios de comunicación, los tribunales, la banca, etc… se hallan bajo sospecha: se discute su utilidad y su capacidad para enfrentarse a la actual crisis. En este periódico venimos reclamando desde hace años una reforma constitucional, imprescindible a nuestro juicio para rescatar el sistema democrático del actual marasmo de opinión y ofrecer un proyecto común de convivencia a las nuevas generaciones que les permita ser protagonistas de su propio futuro. La condición indispensable para ello es establecer un debate racional y honesto, con toda la pasión y brillantez de la controversia política, con las inevitables convulsiones de la calle, pero con la honestidad y altura de miras de que dio prueba el propio presidente Suárez el día de su dimisión. Y con el coraje, también, que mostró ante los golpistas. Todavía estamos a tiempo.