6 May

Los Cuatro Acuerdos

El guerrero debe, pues, ser cazador para no ser cazado. ¿Y que caza el guerrero? Sus propias debilidades, es decir, su tendencia a dejarse arrastrar por los hábitos de sus semejantes. El hombre común busca la certeza en los ojos del espectador y llama a eso confianza en sí mismo. El guerrero busca la impecabilidad en sus propios ojos y llama a eso humildad. El hombre común está enganchado a sus prójimos mientras que el guerrero solo depende de si mismo.

Extractos del Pensamiento Olmeca.

Dr. Miguel Ruiz
“Los Cuatro Acuerdos”


Los cuatro acuerdos

“Los toltecas eran un pueblo de cultura milenaria del centro de México. Comparables a los Aztecas, aunque menos numerosos y también menos conocidos. Eran considerados “hombres y mujeres de conocimiento”… algunos antropólogos les definieron como una nación o raza, sin embargo, algunos estudios les consideran científicos y artistas que formaron una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados. Después de la colonización se vieron dispersados, pero su sabiduría ancestral fue transmitida de generación a generación. El Dr. Miguel Ruiz lo que hace en su libro “los cuatro acuerdos” es resumirla y darla a conocer. Los párrafos entre comillas son trozos textuales del libro.
El conocimiento tolteca surge de la misma unidad esencial de la verdad de la que parten todas las tradiciones esotéricas sagradas del mundo. Aunque no es una religión, respeta a todos los maestros espirituales que han enseñado en la tierra, y si bien abarca el espíritu, resulta más preciso describirlo como una manera de vivir que se distingue por su fácil acceso a la felicidad y el amor.”
“Los adultos que nos rodeaban captaron nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos. Utilizando nuestra atención aprendimos una realidad completa, un sueño completo. Aprendimos cómo comportarnos en sociedad: qué creer y qué no creer; qué es aceptable y qué no lo es; qué es bueno y qué es malo; qué es bello y qué es feo; qué es correcto y qué es incorrecto. Ya estaba todo allí: todo el conocimiento, todos los conceptos y todas las reglas sobre la manera de comportarse en el mundo.”
“Tú no escogiste tu lengua, ni tu religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras. Nunca tuvimos la oportunidad de elegir qué creer y qué no creer. Nunca escogimos ni el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio nombre.
De niños no tuvimos la oportunidad de escoger nuestras creencias, pero estuvimos de acuerdo con la información”
“El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro acuerdo”.

Con esta introducción nos lleva a ver que nada elegimos: idioma, creencias, religión, conceptos, comportamientos sociales, etc… Defiende (me refiero siempre al libro) el agradecimiento a lo recibido basándose en que nos ofrecieron lo mejor que supieron y pudieron. Nos enseñaron lo que sabían y aquello en lo que creían… Así que, teniendo en cuenta esto, hemos de agradecer lo recibido.
Lo cual no quita que todo lo anterior es cierto y también las personas a título individual consideren que muchas de las cosas que nos enseñaron y en las que creemos sean erróneas. Esto es referido a la “domesticación (enseñanzas recibidas) del individuo”.
Insiste en la idea de que fuimos enseñados en base al miedo, la culpa, la censura de que somos malos y hemos de ser buenos… etc.
La atención es la capacidad que tenemos de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir.
Utilizando la atención aprendimos una realidad completa. aprendimos cómo compórtanos en sociedad: qué creer y que no creer. La necesidad de atención se vuelve muy fuerte y continua en la edad adulta. El lenguaje es el código que utilizamos los seres humanos para comprendernos y comunicarnos. Cada letra, cada palabra de cada lengua, es un acuerdo.
Nunca tuvimos la oportunidad de elegir que creer y qué no creer.
Ni siquiera elegir nuestro propio nombre. La única forma de almacenar es por acuerdo. Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos y a eso le llamamos fe. Tener fe es creer incondicionalmente.
Aprendemos a juzgar: nos juzgamos a nosotros mismos, juzgamos a otras personas a nuestros vecinos…
Armamos un sistema de creencias y aunque esté mal armado nos sentimos culpables por lo que hacemos o dejamos de hacer de acuerdo a este sistema y éste es el que nos genera miedo.
A los seres humanos les resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas emocionales.
Si observamos la sociedad humana, comprobamos que es un lugar en el que resulta muy difícil vivir, porque está gobernado por el miedo. en el mundo entero vemos sufrimiento, cólera, venganza, adicciones, violencia en las calles y una tremenda injusticia.
Seguimos buscando cuando todo ya está en nosotros. No hay ninguna verdad que encontrar.
Donde quiera que miremos todo lo que vemos es la verdad pero, debido a los acuerdos y creencias que hemos almacenado en nuestra mente, no tenemos ojos para verla.
No vemos la verdad porque estamos ciegos. lo que nos ciega son todas esas falsas creencias que tenemos en la mente. necesitamos sentir que tenemos razón y que los demás están equivocados. confiamos en lo que creemos, y nuestras creencias nos invitan a sufrir.
Nos resulta imposible ver que no somos libres.
Estar vivos es nuestro mayor miedo. no es la muerte; nuestro mayor miedo es arriesgarnos a vivir: correr el riesgo de estar vivos y de expresar lo que realmente somos.
Hemos aprendido a vivir intentando satisfacer las exigencias de otras personas. hemos aprendido a vivir según los puntos de vista de los demás por el miedo a no ser aceptados y de no ser lo
suficientemente buenos para otras personas.
Intentamos complacer especialmente a las personas que nos aman, como papá y mamá, nuestros hermanos o hermanas mayores, nuestros maestros, sacerdotes. al tratar de ser lo suficientemente bueno para ellos, creamos una imagen de perfección, pero no encajamos en ella.
Nos da mucho miedo que alguien descubra que no somos lo que pretendemos ser. también juzgamos a los demás según nuestra propia imagen de perfección y, naturalmente, no alcanzan nuestras expectativas.
Nadie en toda tu vida, te ha maltratado más que tú mismo. Si cometemos un error delante de los demás, intentamos negarlo y taparlo.
Los acuerdos que surgen del miedo requieren un gran gasto de energía, pero los que surgen del amor, de lo emotivo nos ayudan a conservar nuestra energía e incluso a aumentarla.
Si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por nuestros acuerdos y el sueño de nuestra vida no nos gusta, necesitamos cambiar los acuerdos. Cuando finalmente estemos dispuestos a cambiarlos, habrá cuatro acuerdos que nos ayudaran a romper aquellos otros que surgen del miedo y agotan nuestra energía.

El primer acuerdo

SÉ IMPECABLE CON TUS PALABRAS

El segundo acuerdo

NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE
El tercer acuerdo NO HAGAS SUPOSICIONES
El cuarto acuerdo HAZ SIEMPRE LO MÁXIMO QUE PUEDAS

 

 

 

 

 

 

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