EL RESPIRACIONISMO

8 Oct

Vivir sin comer

El respiracionismo, o inedia, es la creencia en que, siguiendo determinadas técnicas espirituales, el ser humano puede vivir eternamente sin necesidad de ingerir alimentos ni bebidas. Jim Vadim Pesnak y su esposa Eugenia, responsables del tratamiento respiracionista que estaba siguiendo la señora Morris, aseguraban que el cuerpo es una entidad espiritual más que física y que no necesita contaminarse con sustancias materiales como la comida. Ellos eran capaces de enseñar a cualquiera, a cambio de una importante cantidad de dinero, a trascender el mundo terrenal y alcanzar el estado natural del ser humano, el estado espiritual, en el que ya no son necesarias las cadenas que nos atan a la existencia física como comer, beber o incluso dormir.

El entrenamiento respiracionista de los Pesnak constaba de un programa de un mes de duración. Durante este periodo de tiempo los iniciados no debían ingerir ningún tipo de alimento ni bebida. Lani Morris era una víctima perfecta. Crédula e inocente, consumidora habitual de literatura de autoayuda, pensaba sinceramente que podía trascender la realidad física y convertirse en un ente espiritual sin necesidades terrenales. Comenzó a escribir un diario el mismo día que llegó a la casa del matrimonio Pesnak. Conforme iban pasando los días la comida se hacía cada vez más presente en las anotaciones de Morris. No podía pensar en otra cosa. Al final, los textos eran casi ilegibles y se componían en su mayor parte de nombres de alimentos. La última página no contiene palabra alguna, tan solo el dibujo de una espiral.

Después de una semana siguiendo el programa respiracionista, Morris era incapaz de hablar y se caía de la cama. Los siguientes tres días, según declaraciones de Jim Pesnak en el juicio posterior, la mujer se orinaba constantemente en la cama y perdió la movilidad de la parte derecha de su cuerpo. Vomitaba a menudo y unos grumos negros y pegajosos goteaban de sus labios. Después de once días de tratamiento dejó de respirar ya que los grumos llenaban por completo su boca. El señor Pesnak intentó realizarle una traqueotomía casera con un cuchillo pero finalmente aceptó llamar a una ambulancia. Cuando ingresó en el hospital se le diagnosticó derrame cerebral, deshidratación severa, fallo renal y neumonía. Lani Morris fue trasladada a una unidad de cuidados intensivos donde murió siete días después.

En el juicio posterior, el juez Wilson declaró responsables únicos de lo sucedido al matrimonio Pesnak. Según la sentencia, el resto de acólitos respiracionistas actuaban engañados por los Pesnak. Jim y Eugenia Pesnak fueron declarados culpables de homicidio y condenados a las penas máximas que pedía el fiscal para cada uno de ellos.

Cuando en el juicio se le preguntó a Jim Pesnak por qué no había llamado antes al doctor, contestó: Ella no estaba sufriendo una enfermedad, sino una “batalla de egos” Mi programa no era un tratamiento médico sino espiritual. Cuando me surgió la duda de si debía llamar a un doctor la respuesta fue instantánea: “No. Confía en Dios”

No comer. Ese es el significado literal en latín de la palabra inedia. En realidad, la habilidad de vivir del aire es tan solo uno más de los superpoderes clásicos de héroes, dioses y santos de diversas mitologías. Tanto hinduistas, como budistas y cristianos cuentan con multitud de casos de inedia en sus textos. El mismo Buda era capaz de pasar varios días meditando sin necesidad de comer o beber. El que parece ser el favorito en todas las apuestas a ser la reencarnación de Buda, Palden Dorje, parece tener la misma habilidad. Entre los santos cristianos también podemos encontrar varios que, aparentemente, han conseguido vivir sin ingerir alimento alguno, excepto la eucaristía.

En la época victoriana, la inedia, hasta entonces patrimonio de santos medievales, reapareció de un modo inesperado y masivo. El espiritismo, y todo lo paranormal en general, eran la diversión de moda en la Inglaterra victoriana. Aparecidos, duendes, hadas, astrología, muertos parlantes, y toda suerte de habilidades misteriosas y seres mitológicos, que parecían haber sido desterrados al mundo de los cuentos por la ilustración, reaparecieron con más fuerza que nunca en los salones de té de Londres a finales del XIX. La inedia, que no es que sea un fenómeno paranormal muy espectacular ni llamativo, fue sin embargo uno de los más exitosos en este resurgir de lo oculto. Multitud de niñas y adolescentes inglesas afirmaban no necesitar el menor sustento material para vivir. Eran tantas que incluso existía una palabra para referirse a ellas, las llamaban las fasting girls. Las chicas en ayuno. Eran una da las atracciones mas visitadas en ferias y circos de lo extraño, también eran habituales en teatros de variedades, donde el mundo del misterio era el centro de la mayoría de espectáculos.

El público que observaba a aquellas chicas a las que se les notaban los huesos veía un misterio insondable, una prueba de la existencia de cosas que no comprendemos, un desafío a la razón… En realidad lo que tenían delante no era más que una niña con anorexia nerviosa a la que probablemente no le quedara mucho tiempo de vida.

Los padres de Sara Jacob, por ejemplo, tenían una mina con su hija. El mismo vicario del pueblo había certificado que su Sara Jacob vivía sin ingerir alimentos. Sara se hizo pronto famosa y la familia Jacob se hizo rica de la noche a la mañana. Lo cierto es que Sara comía, poco pero comía. Sus padres quizá no lo supieran cuando decidieron ofrecer al mundo la prueba definitiva de los poderes de su hija. En 1869 la metieron en una habitación de hospital donde sería vigilada las veinticuatro horas del día. Los padres ordenaron que no se diera ningún alimento a su hija aunque ésta lo pidiera. Bajo la estricta vigilancia a la que estaba sometida, Sara no podía comer a escondidas como había estado haciendo y no tardó en suplicar comida. Sus padres se negaron. Poco después quedó inconsciente y las enfermeras pidieron a los padres permiso para alimentar a Sara. Se negaron. Al día siguiente era evidente que Sara se estaba muriendo y los médicos suplicaron a los padres que les dejaran alimentar a Sara pero éstos se negaron. Sara Jacob murió ese día de hambre. Ni sus padres ni el personal del hospital fueron juzgados por asesinato.

No fue la única, otras fasting girls, como Leonora Eaton, también acabaron muriendo de hambre. Josephine Bedard, en cambio, era bastante más sensata y nunca dejó de comer a escondidas. Mientras estaba poniendo a prueba sus poderes la pillaron robando patatas fritas de la comida del doctor que tenía que vigilarla.

Como todo, la inedia pasó de moda y no se volvió a dar ningún caso notorio hasta el de la mística cristiana Therese Neumann. La aspirante a santa afirmaba que nada, salvo la hostia consagrada, había cruzado sus labios desde 1926 hasta su muerte en 1962. Como vemos en la foto, Therese, quien también tenía llagas en las manos y lloraba sangre, es bastante más rolliza que las fasting girls victorianas. La explicación es fácil, la precavida Therese nunca aceptó someterse a ninguna prueba. Ni siquiera admitía que médicos o investigadores se acercasen a su habitación. El Vaticano todavía no ha aceptado la realidad de sus milagros, pero están en ello.

Como en la época victoriana, en el siglo XX también se dio un periodo de fertilidad extraordinaria para todo lo paranormal. Fue en los años sesenta y se llamó, sí, New Age. La inedia reapareció de nuevo con fuerza entre toda una serie de gurús que afirmaban que todo lo terrenal es malvado y que se llaman a si mismos respiracionistas. Siguiendo sus métodos, cualquiera puede aprender a ser un ente completamente espiritual y vivir de la brana o de la luz líquida, que es como llaman a la sustancia que nutre nuestro yo etéreo o lo que sea. Desgraciadamente, para alcanzar este estado superior y trascender la materia debemos desembolsar una importante y muy terrenal cantidad de dinero.

La última y más importante de las respiracionistas es la australiana Ellen Green, también conocida como Jasmuheen. Jasmuheen decía al principio no necesitar más que la brana para sustentarse, aunque en declaraciones posteriores admitió “tomar de vez en cuando un té de hierbas” Es autora de varios libros con títulos como “Vivir de la luz”(por éste ganó un premio Ig Nobel de literatura en 2000), “El Programa Prana” o “El alimento de los dioses” y toda una celebridad entre los respiracionistas.

Cuando un grupo de periodistas acudió a casa de Jasmuheen para grabar un reportaje sobre sus habilidades, uno de ellos tuvo la brillante idea de abrir la nevera de la mística. Estaba hasta los topes y no precisamente de brana. En el 2006 el programa de televisión 60 minutos ofreció a la señora Green la oportunidad de mostrar al mundo sus poderes en directo. La idea era que un equipo del programa mantuviera vigilada permanentemente a Jasmuheen, los cámaras grabarían cada minuto para que no hubiera posibilidad de fraude. A las cuarenta y ocho horas de comenzar, Ellen Green tenía síntomas claros de deshidratación. Ella acusó a la contaminación atmosférica de interferir con la brana y privarla de su ración diaria de luz líquida. No explicó como algo tan material como la contaminación puede interferir con la etérea brana, sin embargo los productores del programa accedieron a trasladar el lugar de la prueba a una casa en mitad del campo. De nuevo, cuarenta y ocho horas después del traslado, Jasmuheen presentaba síntomas claros de deshidratación y los médicos pararon la prueba.

Jasmuheen sostiene que el hombre es un ser de espíritu no de materia y que el hambre no es más que una mentira que los mass media han introducido en nuestras cabezas(sic). Estoy seguro de que un programa de televisión consistente en llevar a la señora Green a ciertos lugares de África a decir a ciertas personas que su hambre no es mas que una mentira de los mass media hubiera tenido mucho más éxito. Cuando se le ha preguntado sobre las muertes de personas que han seguido sus técnicas respiracionistas Jasmuhenn se ha limitado a contestar que la causa de la muerte no es el respiracionismo sino la falta de preparación. Sobre Lani Morris, la mujer que escribió las líneas con las que comienza el árticulo, se limitó a decir: “quizá no tuviera la motivación adecuada”

 

 

 

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