POR QUÉ LOS PARTIDOS NO QUIEREN HABLAR DE BANKIA

22 Jun

Bankia se ha convertido en un tormento para los dos partidos mayoritarios, PP y Psoe, por razones similares: los dos han utilizado a las cajas y a los bancos como resortes de sus miserables políticas personalistas.

Sorprende que Rubalcaba reclame las comparecencias de los principales responsables de Bankia en el Congreso cuando durante todo el mandato de Rato en Cajamadrid primero y Bankia después ha tenido a Virgilio Zapatero como vicepresidente.

A mí Virgilio Zapatero me cae bien. Lo conocí en Colombia durante la celebración del IV Congreso de la Lengua. Yo acudía como parte del equipo directivo del Instituto Cervantes y Zapatero como rector de la Universidad de Alcalá de Henares para intervenir la Conferencia de Rectores Universitarios (CRUE) que esos días, marzo de 2008, celebraba reuniones paralelas al congreso de la Lengua en Medellín. Y digo que me cae bien porque tenía una imagen distinta de él, ya que años atrás, durante mis investigaciones sobre las finanzas de los partidos y las primeras tramas de corrupción que se destaparon durante la democracia, Zapatero aparecía como el cajero del Psoe en el Banco Arabe Español, aquel que financiaba las operaciones de la contable del Partido Socialista, Aida Alvarez, cuya carrera acabó como el rosario de la aurora.

Virgilio Zapatero, en aquella época, finales de los años ochenta, ya hacía de bisagra entre el partido y Aresbank en negocios turbios que acabaron en los tribunales. Pasados los años y tras conocer su faceta intelectual y universitaria en Colombia, no me sorprendió mucho que apareciera como vicepresidente de Cajamadrid cuando Rato se hizo cargo de la entidad.

Yo no sé por qué Rubalcaba no le pregunta a Virgilio Zapatero por lo que ha pasado en Bankia, porque lo ha vivido de primera mano. De hecho, fue uno de los miembros del equipo de consejeros que dimitió hace poco en bloque para dar entrada al nuevo equipo de Goirigolzarri. Después hemos asistido al esperpéntico episodio del micrófono abierto por el que Rubalcaba expresaba su intención de echar a Maru Menéndez por sus dotes de filtradora. Maru Menéndez, opositora de Rubalcaba en el seno del Psoe madrileño, había filtrado que el Psoe no tenía intención de pedir una comisión de investigación sobre lo que ha ocurrido en Bankia.

Por supuesto, el PP de Rajoy tampoco. Bastante tiene el hombre con la prima de riesgo como para que se ponga el acento ahora en la responsabilidad que han tenido su partido en la crisis de Bankia.

Si repasamos la lista de circunstancias que se esconden detrás de la quiebra de Bankia nunca podremos entender cómo este país se ha echado en brazos de ese partido. Recuerdo que cuando tenía mis cuentas en Cajamadrid, alguno de sus empleados ya comentaba el cabreo que tenían en la caja por la sucursal que Miguel Blesa se empeñó en abrir en Miami, porque lo que quería era una excusa para viajar a la ciudad donde se había comprado una casa, no se sabe si cerca de los cocodrilos que se ven en las serie CSI.

Por su parte, Rato, parece que se ha empeñado en hacer un viaje de ida y vuelta. Es decir, ha hecho una gestión desastrosa en Bankia, provocando la mayor inyección de dinero público en la historia de la banca española, con el fin, dice Goirigolzarri y Rajoy, de privatizar posteriormente el paquete estatal. Tal vez como se privatizó Argentaria en su día, al frente de la cual Rato colocó a Francisco González, hoy presidente de un conglomerado mayor llamado BBVA y con una pensión asegurada de más de cien millones de euros.

Curiosamente, ahora, al frente de Bankia aparece la figura de Goirigolzarri, un personaje que tampoco necesita mucho sueldo, puesto que ya cobró una pensión de 70 millones de euros por su salida del BBVA, la entidad que siempre aspiró a dirigir y no pudo por la insistencia de FG en permanecer al frente de la misma, aunque ahora tiene la oportunidad de liderar el mayor consorcio bancario del estado español y situarse en una posición de privilegio para gestionar incluso su futura privatización.

Y es que los autores de esos doucumentales que invadieron las pantallas de medio mundo para contar cómo se había producido la crisis, desde Estados Unidos hasta Europa, con los neoliberales propugnando privatizaciones a mansalva, tenían razón: el miedo, el pánico más bien, a una quiebra generalizada es el mecanismo que permite a los partidos de derechas entregar los principales servicios públicos a sus empresarios afines. Está pasando en Castilla La Mancha con el sistema sanitario, cuyo comprador más probable tiene entre sus accionistas al propio Rato y al marido de María Dolores de Cospedal, Ignacio López del Hierro, quien, por cierto, ya estuvo con Jacques Hachuel haciendo negocios millonarios y turbios junto a Mario Conde en la década de los ochenta, con José María Calviño y su Canal 10 escondido en la trastienda.

El principal logro de Rajoy fue convencer a la mayoría de los españoles de que podía arreglar los desaguisados de su antecesor en el cargo. Sin embargo,  nos hemos encontrado con que el déficit oculto estaba en las comunidades gobernadas por el PP, léase Comunidad Valenciana y Comunidad de Madrid, ambas conectadas por el cordón umbilical de Gurtel, y con que el mayor agujero en el sistema financiero lo ha provocado, y ocultado, quien antaño pasaba por ser el gran gurú de la economía del PP. Es decir, un Rodrigo Rato huido del Fondo Monetario Internacional que desembarca en España para hundir a la que hasta su llegada era la cuarta entidad financiera del país.

Sabido es que su padre, Ramón Rato y Rodríguez San Pedro, fue uno de los principales financiadores de la Alianza Popular que levantó Manuel Fraga. Recordemos que Rodrigo creció en su casa entre reuniones de postín a las que asistían el propio Fraga o el padre del actual rey de España, don Juan de Borbón, cuyos familiares tampoco pasan hoy por su mejor momento. En aquellos años 70, tras terminar sus estudios en la Universidad de Berkeley, Rato se encontró una España predemocrática liderada por las mismas sagas que gobiernan hoy el país. En aquellas reuniones estaban los personajes mencionados pero también José María Ruiz Gallardón, en una labor entonces loable de cierta oposición al franquismo que hoy es el símbolo del derroche –su hijo ha dejado esos maravillosos 7.000 millones de euros en Madrid– junto a los pufos y errores de la monarquía y las aventuras financieras de Rato y sus amigos. Toda una estirpe, siempre en el poder, provocando agujeros aquí y allí, sin ninguna responsabilidad ni una oposición que pida una comisión de investigación porque también está pringada.

 

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