LAS MUJERES IRAQUÍES EN LAS CÁRCELES DE LA OCUPACIÓN (1 )

26 Abr

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Las mujeres iraquíes en las cárceles de la ocupación.

 

“De todas las historias narradas anteriormente, y de muchas otras, se desprende obviamente que las mujeres iraquíes están siendo usadas como objetos e instrumentos de violaciones. Se utilizan contra los hombres. Utilizar el valor del honor en su contexto árabe e islámico para quebrarlo significa que a través de estos abusos se pretende quebrar la estructura psicológica y cultural de la sociedad iraquí. Los abusos se están utilizando para romper la imagen que los propios iraquíes tienen de sí mismos, la imagen que tienen las mujeres en la sociedad y la que tienen de sí mismas”

 

Presentación de CSCAweb

 

Los testimonios aquí publicados corresponden a experiencias vividas por presos y presas encarceladas ilegalmente en las prisiones y centros de detención del Iraq ocupado. De acuerdo con las fechas en las que fueron recogidos, muchos de los abusos y torturas ejercidos contra presas y presos fueron documentados por el Centro del Observatorio de la Ocupación en Bagdad y denunciados por algunos medios de prensa iraquí y árabe varios meses antes de que saltaran a la luz pública internacional los escándalos de la prisión de Abu Ghraib 1.

 

Difundidos posteriormente por medios occidentales, tales escándalos han confirmado lo que desde hacía meses se venía denunciando por los propios iraquíes: que las detenciones en el país son masivas y arbitrarias; que las torturas y abusos en las prisiones de Iraq a manos de las fuerzas de ocupación, de sus servicios de inteligencia -y quizás de terceros países, como Israel- y de los guardias de seguridad privados constituyen desde el principio de la ocupación un método planificado y sistemáticamente aplicado con el fin de amedrentar hasta el extremo a la población reclusa para obtener confesiones sobre el paradero de familiares de los que se supone son combatientes de la resistencia y para humillar descarnada e individualmente a quienes no se ha podido derrotar colectivamente como pueblo.

 

Decenas de miles de iraquíes (ni tan siquiera hay una cifra oficial de la Administración de ocupación) han pasado o siguen detenidos en una docena de centros de encarcelamiento a lo largo de todo Iraq. La práctica de redadas y detenciones masivas -además del recurso a la tortura- llevadas a cabo por las tropas estadounidenses y aliadas demuestra la consideración de las propias autoridades de ocupación de que el fenómeno de la insurgencia armada tiene amplio apoyo social, que no está protagonizado por elementos extranjeros -la red al-Qaeda- o residuos del régimen depuesto, y que solo el castigo colectivo que suponen tales medidas pudiera frenar su imparable asentamientos ya en todo Iraq.

 

Es importante decir desde el principio que existen muchos obstáculos psicológicos, sociales y culturales para que las mujeres iraquíes hablen abiertamente sobre lo que les ha ocurrido dentro de las prisiones de la ocupación. El valor del honor es el más sagrado en Iraq; es, incluso, más importante que el valor de la vida misma. Hemos de mencionar aquí las razones del por qué las mujeres no quieren testificar sobre los diferentes tipos de violaciones y abusos que han sufrido una vez que han sido liberadas de las cárceles de la ocupación. Rechazan dar sus nombres, sus fotos, su voz, incluso aunque sea de manera oculta.

 

1. Temor a retornar a la prisión. “No queremos volver a la cárcel”, esa frase ha sido repetida por cuatro de las mujeres presas con las que hemos hablado y por una docena de hombres. En un incidente, una detenida nos proporcionó después de haberle prometido no mencionar su nombre, un testimonio escrito de muchas páginas sobre lo que le había ocurrido personalmente o sobre lo que había oído de otras presas. Pasó cinco meses en la cárcel junto a su hermano. Pero el hermano se opuso a darnos los papeles; los cogió y los rompió en pedazos: “No quiero que ni ella ni yo volvamos allí. Soy el único hombre que queda en la familia, mi hermano murió en la guerra de Irán, mi madre está paralítica, tengo dos hermanas solteras, una esposa e hijos que atender”.

 

Estaba enfadado y entonces nos enseñó un documento que tuvo que firmar antes de ser puesto en libertad. El documento dice que si es baasista no volverá al partido, que dará información sobre cualquiera que le contacte en relación con este o con cualquier otro partido con principios similares al Baaz. El documento también exige que informará sobre cualquiera que trabaje en la resistencia o que tenga algo que ver con ella en caso de que lo sepa; que no debe alejarse más de 10 kilómetros de su casa, o de lo contrario no será puesto en libertad. Debe informar a las autoridades de ocupación sobre cualquier movimiento que haga, o si viaja fuera de Iraq. Por supuesto, si el detenido no cumple alguno de esos puntos volverá a ser detenido de nuevo.

 

2. Razones relacionadas con el honor. No hay disposición para hablar abiertamente sobre acoso sexual por razones que tienen que ver con el concepto del valor del honor en la sociedad y la familia iraquíes. Cualquier mujer u hombre preferiría morir antes que comprometer la reputación de su familia. Una mujer que conocimos en el complejo de la prisión de Rusafa, en Bagdad, rechazó hablar con nosotros. Pasa sus días en ayuno, leyendo el Corán y rezando. Empezó a llorar y dijo: “Si mi familia llega a saber lo que me ha ocurrido me matarán”. Tiene 60 años. Después pudimos saber que había sido violada repetidamente por varias milicias. Nos dio una carta para su familia en la que decía “No me importa ser asesinada pero antes quiero decir a todo el mundo lo que los agresores y los ocupantes me hicieron y lavar mi vergüenza a mi manera”.

 

3. Desconfianza en los medios de comunicación. Muchos presos y presas han perdido la confianza en los medios de comunicación, en los grupos de investigación y en las organizaciones de derechos humanos. Piensan que trabajan para los servicios de inteligencia estadounidenses. Un preso dijo: “No hablaré a menos que sea fuera de Iraq, entonces lo contaré todo”.

 

4. No encuentran ningún beneficio en hacer públicos sus testimonios. Consideran que se quiere comerciar con ellos políticamente o en los medios de comunicación. Creen que nada les puede devolver su dignidad o dudan de que las cosas vayan a volver a ir bien en Iraq después de haber sido violados por las fuerzas de la ocupación. Una de las personas con la que nos reunimos, familia de una mujer que acababa de ser excarcelada, nos dijo que no quería hablar y que tampoco quería que ella lo hiciera. “¿Qué vais a hacer por Iraq, cómo vais a ser de alguna ayuda? Ella no es importante después de que hemos perdido Iraq. Dejar que desaparezca o que muera …”. La representante de Amnistía Internacional (AI) estaba con nosotros en esa visita. Nos acompañaba mientras buscábamos a otra presa que había sido liberada recientemente. Fuimos de casa en casa, estaba escondida y supimos más tarde que había escondido a sus hijos en casas de familiares por temor a que sufrieran ningún daño.

 

El Centro del Observatorio de la Ocupación de Bagdad había visitado ya la prisión de Rusafa el 19 de diciembre de 2003. Había allí 13 mujeres de la categoría que las autoridades de la ocupación denominan internos, una denominación dada a los presos políticos detenidos en relación con informaciones de ser baasistas, tener alguna relación con la resistencia, o haber hallado armas en sus casas. En muchos casos la causa de dar información tiene que ver con motivos personales o para conseguir un beneficio de las autoridades estadounidenses. Uno de los presos le dijo a uno de los investigadores de la prisión que el 99% de los informadores son cuentistas que simplemente persiguen obtener algo a cambio. El investigador le replicó “Entre esos cien se encuentra uno de los que queremos”. Cuando el preso le preguntó al oficial sobre los 99 inocentes restantes, le dijo: “ese es el juego”.

 

Los motivos de las detenciones de las 13 mujeres eran:

 

1. Filiaciones políticas o religiosas: principalmente baasistas o islamistas, como en Faluya, por ejemplo.

 

2. Acusaciones confusas:

 

– Dar con el paradero de la Resistencia
– Ser miembro de la Resistencia
– Asistir a reuniones de la Resistencia
– Vínculos familiares con oficiales del régimen anterior: madres, hermanas, o cualquier otra relación con baasistas y miembros de la Resistencia perseguidos por las autoridades de la ocupación.

 

La detención de mujeres como rehenes o el mecanismo de presionar a los hombres mediante sus mujeres constituyen una afrenta singular para la sociedad iraquí. Las mujeres se han convertido para las tropas ocupantes y para los servicios de inteligencia en un objeto y un instrumento de violación, contrariamente a lo que el discurso de Bush propugna ante la comunidad internacional a cerca de que EEUU ha ocupado Iraq para liberar a las mujeres iraquíes como parte de su misión. En su programa electoral Bush confirma esta actitud de oponerse a toda indiscriminación contra las mujeres, cuando dice, por ejemplo, que golpear a una mujer embarazada constituye una violación de los derechos de las mujeres y de los niños. Según testigos de la prisión de Abu Ghraib, ha habido mujeres que han dado a luz a sus bebés dentro de la cárcel de la ocupación. Fueron detenidas cuando estaban embarazadas. Una detenida a las afueras de Kirkuk acababa de dar a luz un bebé hacía 18 días y le estaba amamantando. Un soldado estadounidense cogió al bebé, se lo dio a la abuela y se llevó a rastras a la madre mientras la leche se derramaba por su ropa.

 

3. Informadores maliciosos: Por ejemplo, una mujer fue detenida porque una hermana esquizofrénica dio información contra ella, contra su marido y contra el hijo de ambos.

 

Bajo ocupación, una publicación mensual editada por el Centro del Observatorio de la Ocupación, publicó en enero pasado un informe sobre esas 13 mujeres de la cárcel de Rusafa. El Centro no podía acceder a ninguna prisión, muy especialmente a la de Abu Ghraib, porque las autoridades de ocupación no autorizaban ni al Observatorio ni a ninguna otra organización de derechos humanos o legal a indagar sobre las prisioneras que además no tienen derecho a contar con la asistencia de un letrado. No importa cuál sea su nacionalidad, nadie puede proceder legalmente en esos casos. Eso es lo que un coronel estadounidense, responsable de las prisiones estadounidenses en Iraq, Chuck Rayan, declaró al Centro del Observatorio .

 

Las detenciones continúan

 

Algunas presas han sido excarceladas pero las detenciones de mujeres no han cesado. De hecho se han incrementado en Abu Ghraib. La campaña de detenciones incluyó a habitantes del área de Faluya. Se han mantenido los registros en las casas y se ha detenido a mujeres de todas las edades. Un preso nos ha informado de que había visto con sus propios ojos a una mujer anciana muy mayor, de más de 80 años, caminando por la cárcel de Abu Ghraib con un bastón. El Centro del Observatorio ya entrevistó y documentó el caso de una niña de doce años que fue detenida con sus dos hermanas de 19 y 21 años de edad y con su madre, de 50 años, en el centro de detención del aeropuerto internacional de Bagdad el pasado mes de diciembre.

 

El Centro igualmente se reunió con cinco mujeres presas y con muchos presos de los cuales la mayoría se negó a hablar abiertamente. Algunos lo hicieron en condición de anonimato. Pidieron que los detalles de fecha y lugar de la detención o de puesta en libertad no fueran mencionados por temor a ser reconocidos por las autoridades de ocupación.

 

Testimonio de “A”

 

El testimonio “A” declara que está dispuesta a testificar abiertamente fuera de Iraq aunque lo hizo con nosotros. “A” fue detenida durante cinco meses. Un día en septiembre de 2003, su casa fue atacada por vehículos armados estadounidenses y tanques que rodearon el barrio y cortaron la calle. Decenas de soldados fuertemente armados como si se tratase de una gran batalla penetraron en la casa sin contestar cuando “A” les preguntó qué querían. Juntaron a las mujeres en un mismo lugar y sacaron a los hombres.

 

“… Me preguntaron mi nombre y cuando se lo di, el traductor cogió mi mano y dijo que yo era un objetivo político. Otros soldados estaban registrando la casa. Se llevaron mis libros, mi tesis doctoral, mis CD y mi ordenador. Me dijeron que se me iban a llevar con ellos durante unas horas para interrogarme, una investigación muy rápida, dijeron. Detuvieron a uno de mis familiares y a uno de nuestros vecinos que era diplomático solo por ser de la misma provincia. Me di cuenta de que me estaban deteniendo por mi tribu, pertenecer a mi tribu; por nada más.

 

“El ataque y las detenciones tuvieron lugar después de que hubiese dado una entrevista a un periódico extranjero en la que hablaba del derecho de cualquier iraquí a vincularse a cualquier organización incluso aunque funcionase bajo el régimen de Sadam Husein. Sospecho que mi detención tiene algo que ver con esa entrevista. Me trasladaron a … en el norte de Bagdad, en una zona que todavía está en construcción. Han montado allí sus instalaciones. Estaba casi atardeciendo. Mis ojos estaban cansados. Entré en un lugar en el que después comprobé que era una casa sin acabar de construir. Me pusieron en una habitación que ellos llamaban “la cueva”. La ventana estaba tapiada con ladrillos y la puerta con placas metálicas. Intenté ubicarme en la habitación a través de mis manos. Había camas metálicas con mantas. Me senté en una de ellas. Escuché algo en la habitación, estaba aterrorizada, pensé que sería un culebra. Algo arañó los dedos de mi pie y me hizo daño. Me di cuenta de que era una rata. Sacudí mi pie y me senté con las piernas cruzadas sobre la cama. No era fácil con los muelles. Empecé a recitar versos del Corán. Estaba preocupada por mi madre que es paralítica y por mis hermanas. Pero estaba más preocupada por mi pariente. Después de un mucho rato pregunté dónde estaba la investigación; pensaba que habían sido honestos cuando me dijeron que no llevaría más de una hora. Pregunté por algún oficial en la instalación y una voz contestó: cállate. Lo intenté de nuevo; esta vez pregunté por el baño. El soldado me condujo a un baño inacabado. La casa era solo un esqueleto. Respiré profundamente y alguien me empujó de nuevo a la oscura cava. Busqué por el suelo algo para poner en la cama. Hacía demasiado calor para sentarse en la cama de hierro. Encontré un trozo de cartón. Lo extendí y lo puse en la cama. Pregunté de nuevo por la investigación; la respuesta vino detrás de la puerta cerrada: Después, más tarde. Recé en la cama. Intenté dormir. Vi un destello de luz a través de los pequeños agujeros del muro. Era de noche. Intenté descubrir qué eran esos ruidos y me di cuenta que había una caja llena de basura, de restos de comida y de cartones de zumo vacíos. Había ratas hurgando en ella. Una me mordió.

 

“… Me dieron una botella de agua y un trozo de pastel. Eso es todo lo que comí ese día. Hacía mucho calor, sudaba todo el tiempo y necesitaba lavarme. Por la noche, la puerta se abrió fuertemente y entró una mujer. Gritaba histéricamente de miedo, por la oscuridad y por las ratas. Pero lo más aterrador para ella era pensar lo que le ocurriría después de la cárcel. Más tarde me dijo que una hermana esquizofrénica dio información falsa contra ella, contra su marido y su hijo afirmando que escondían armas en su casa. Todos ellos fueron detenidos a pesar de que no hallaron armas. Esa mujer estuvo detenida durante varios meses. Hasta ahora no sé si ha sido puesta en libertad o si está aún en la cárcel debido a una falsa información dada por una mujer enferma.

 

“… En la prisión del aeropuerto nos quitaron la ropa y nos dieron otra diferente. Nos registraron y nos quitaron todo lo que teníamos. Me llamaron para la investigación. El oficial del ejército o del servicio de inteligencia me preguntó mi nombre, religión, facción, trabajo e intereses. Tenía interés en discutir mis ideas sobre el trabajo de las mujeres en la sociedad civil. Le gustó mi manera de razonar; dijo que estaba hablando con una mujer civilizada. Me puse contenta porque pensé que pronto me pondrían en libertad. Eso no ocurrió. Me mostraron el sitio en el que pasaría todo el tiempo de mi detención en la cárcel del aeropuerto.

 

“En la tienda éramos 20 mujeres, diez de ellas detenidas por razones políticas “A” menciona los nombres, no sabemos el paradero actual de algunas. Las otras estaban acusadas de diferentes cargos. La tienda de mujeres estaba enfrente de la de los hombres. Podíamos verlos. Había baños de madera. No llegan al suelo, de hecho había al menos 50 centímetros entre el suelo y la pared madera del baño. Nuestros pies y piernas podían verse cuando estábamos en el baño, lo que era muy embarazoso y contrario a nuestra religión. Una mañana, la presa “S” que era una señora mayor y muy respetable, se estaba lavando cuando una mujer soldado, acompañada por muchos soldados la llamó. “S” cubrió su cuerpo mojado con sus ropas, se recogió el cabello y corrió hacia el patio desde donde la habían llamado. La mujer soldado le dijo queremos registrarte. Era una extraña orden porque no llevaba nada encima más que la ropa de la prisión. Nos dimos cuenta de que querían humillarla. Le pusieron entre dos soldados, sus brazos extendidos verticalmente, sus piernas abiertas tanto como podía. La mujer soldado comenzó a registrarla. Empezó a pellizcarle y a presionar en partes de su cuerpo; le extendió el cabello, lo aireó fuertemente, empezó a buscar entre el pelo y entonces golpeó a la mujer en las piernas. Repitió esto durante cuatro veces, cada una de un lado. Para entonces nosotras ya estábamos seguras de que estaban humillando a la mujer delante de los presos: el mensaje era claro: Estas mujeres están en nuestras manos, o confesáis o ….”.

 

Conversación con otra presa, Um Tai, la esposa de un ex oficial de Presidencia. Fue detenida como rehén para forzar a su marido a entregarse a los ocupantes. Tenía más de 60 años y padecía de hígado y de riñón. Su esposo se había retirado varios años atrás, antes de la guerra. La pusieron en aislamiento total; su tienda tenía el tamaño de un colchón. No se le permitió ir al baño durante dos días. La dejaron con sus necesidades durante dos días. Tuvo que usar una esquina de la pequeña celda-tienda como baño.

 

Um Tai habla de cómo los presos eran torturados en Abu Ghraib.

 

“… Trajeron a un preso desnudo, con los ojos vendados y atado de pies y manos a unas tablas como en una cruz. Empezaron a torturarle. Le golpearon especialmente en las partes sensibles de su cuerpo. Le amenazaron con perros militares; en un incidente, el perro, de hecho, mordió al preso en el muslo. El hombre se desmayó. Otras veces, forzaban a hombres desnudos a tumbarse sobre bloques de hielo, algunos sufrieron ataques cardiacos.”

 

“A” también se refirió a cuatro hermanas de Taha Yasin Ramadan, miembro de la dirección 1.

 

“… Fueron cruelmente torturadas; podíamos oír sus gritos llenando el lugar. Permitieron que perros militares las atacaran. La hermana más joven se puso histérica; sugirió un montón de sitios en los que él su hermano podría estar. No sabían donde se hallaba su hermano.”

 

El encuentro con “A” duró cuatro horas. Insistió en no dar ninguna información sobre su identidad. Habló de otra prisión a la que fue trasladada, ésta en Bagdad.

 

“… Había tres habitaciones para tres clases distintas de presas. Había 56 mujeres. Las habitaciones daban a un corredor abierto. Hacía mucho frío. Las corrientes lo empeoraban. Había ventanas cerca del techo pero no había cristales en ellas. Las enfermedades nos atenazaban: infecciones de estómago, colon, diarrea, catarros e infecciones de oídos. Teníamos que lavarnos con agua fría, no había agua caliente. Incluso cuando repararon los calentadores de agua, se volvieron a romper rápidamente debido a la sobrecarga de uso. Y aun cuando hubiera agua caliente, no había la suficiente para que todas las prisioneras pudieran lavar sus cuerpos y sus ropas. Teníamos que poner nuestra colada en las camas para que se secase. Cortaron el agua después de un tiempo. La comida era mala, dos veces al día. La primera, al mediodía, era un cuenco de arroz y algo de sopa, habas, lentejas o berenjenas. Era tan mala y tan grasienta que nos producía diarrea.”

 

“A” me susurra algo al oído -aunque no hay nadie más con nostras en la sala: “Una presa fue violada 17 veces por un policía iraquí y con conocimiento de los estadounidenses”. No sabemos quién es ni por qué fue encarcelada. “No se encontraba bien, se quedó en silencio y no hacia más que vomitar todo el rato. Se la llevaron y no supimos nada más de ella”.

 

En la actualidad, “A” no sale de casa nunca. Piensa que su vida está acabada, que nada tiene sentido. Dice que esto es ” … la globalización. Se llevará todos nuestros valores y creencias junto a nuestros recursos, nuestra tierra y nuestros dos ríos”.

 

Hemos escuchado historias de otras presas y también de presos sobre abusos sexuales llevados a cabo por policias iraquies…….

 

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